Director · Actor · Fotógrafo
València, 2000 — Madrid

Nací entre pinceles, cuadros y fotografías. A los dos años fui por primera vez a un lugar mágico en el que mi madre se olvidaba de todos sus problemas por unas horas y era la persona más feliz del mundo. Desde ese instante me enamoré del cine y supe a qué me quería dedicar el resto de mi vida.
En mi adolescencia siempre que podía le robaba la cámara de fotos a mi madre. Hacía mis experimentos y captaba todo aquello que me impactaba, en especial a nosotros: los seres humanos. Quería comprender el porqué. ¿Por qué nos insultamos, nos odiamos, nos amamos, nos deseamos? Y a día de hoy sigo preguntándome. Sigo sin entenderlo todo. ¿Por qué?
Acabando el bachillerato artístico, la muerte vino a visitarme para que yo fuera consciente con mi propia piel lo que era la vida. Estuve ingresado casi un mes y fui intervenido en dos ocasiones a causa de un neumotórax. Este suceso me hizo ser consciente de que la vida se puede acabar cuando menos te lo esperas. Y que no tiene piedad aunque seas joven. En mi caso tengo la gran suerte de poder contarlo. Por desgracia mi amigo Julián no tuvo la misma suerte.
Tras salir del hospital y graduarme milagrosamente, Julián murió de un infarto. Lo jodido y lo irónico es que Julián murió disfrazado de muerte en las fiestas de su pueblo. Él me había invitado esa noche, pero no pude ir. Me sigo preguntando si seguiría vivo si hubiera ido esa noche. A veces pienso en ti, Julián: se echa de menos tu alegría y tu optimismo, amigo.
Este hecho me hizo dar el salto a aquello que deseaba hacer y que a la vez me daba terror. Tras dos meses de ser el rey del buscaminas y muchas cervezas, dejé la carrera de historia del arte en la universidad y me adentré en el mundo de la interpretación.
Para dirigir me daba cuenta que primero tenía que entender la actuación y a los actores. También me metí a actuar porque era tartamudo, me enganchaba como un motor viejo. Y además era virgen en ese momento. Solo puedo decir que al entrar en teatro se me curaron ambos problemas. Por supuesto, uno antes que el otro.
Estudié en la Fundación Shakespeare de Valencia con un maestro muy loco, pero he de admitir que a la vez era un genio. Podría escribir cinco novelas, hacer una serie y una trilogía de todo lo que me ocurrió durante los años que estuve en esta compañía de teatro. Como no tenemos todo el día y puede que ya te estés aburriendo de leerme, te contaré una breve anécdota.
El maestro, si así se le llamaba, tuvo que ser intervenido a raíz de un cáncer muy jodido que tenía. Puede que no os lo creáis, pero fue así. Tras la operación se escapó del hospital y apareció en clase con la bata, un gotero y una sonda. Era acojonante esa escena.
A día de hoy me pregunto cómo se fue del hospital. Así era el día a día dentro de esta escuela, para que te hagas una idea de la ida de olla que era ese lugar.
Mientras estudiaba teatro realicé muchos experimentos, yo los llamaba mis mierdas buenas, en todos los campos del mundo audiovisual. Intentaba aprender todo lo que podía tanto delante como detrás de cámaras.
Tras acabar de graduarme, yo quería seguir en aquel lugar de locos, lo consideraba mi casa. Pero el Maestro me expulsó porque se le metió en la cabeza que le iba a robar la escuela. Como ya os he dicho, era un lugar muy especial. Me hizo mucho daño que quien me formó me echara de esa forma. A día de hoy me doy cuenta de que mi etapa tenía que terminar en ese momento.
Tras mi expulsión, una pandemia mundial, un romance que marcó mucho, con una mujer médium que me sacaba trece años, que terminó en un concierto de jazz en París con una discusión de película, y un rodaje de una serie de Star Wars en el que estuve de figuración especial con estrellas de Hollywood, decidí tomar rumbo a Madrid, lugar que amo y en el que sigo viviendo.
Actualmente, cada día sigo aprendiendo de la vida y sigo contando historias tanto delante como detrás de cámaras.
Si has podido tener la paciencia y has leído todo hasta el final, te lo agradezco. Sé que no es dopamina rápida como un TikTok de un influencer bailando o haciendo algo sin ningún sentido. Algún día puede que también lo haga, pero de momento creo que me lo reservo.
Puede que haga como Casillas, el portero del Real Madrid, que cuando logre todo aquello que deseé me dedique a hacer el gilipollas.
Con cariño, Enrike
Una película, unas fotos, un videoclip.